La memorable labor consular en Canarias.

Desde fechas muy tempranas de la historia insular, aparecen y ejercen sus cometidos personas y agentes que trabajan para distintas cortes europeas, como se puede comprobar en crónicas e informes de los siglos XVI y XVII
Las Palmas de Gran Canaria
Sábado, 25 de abril 2026, 08:00
Las Islas Canarias, no mucho tiempo después de su incorporación a la Corona de Castilla, se instituyeron, poco a poco, como auténtica encrucijada entre continentes, a través de la que discurrieron, incluso, mucho de los primeros pasos de eso que hoy denominamos ‘globalización’.
Pronto fueron paso, obligado y buscado, en muy diversos momentos de los últimos tres siglos, para los contingentes migratorios europeos, como los de Italia y Francia. Serían también base esencial para navegantes y comerciantes de toda América, que aquí dirigieron su rumbo y sus intereses, cuando caminaban al viejo mundo, al África cercana, o a continentes en otros océanos, caso de la presencia británica, que impulsó proyectos de muy diversa índole, entre ellos la modernización portuaria, necesaria entonces para sus constantes navegaciones al sur de África, a la India, Australia y otros países asiáticos, o el paso de navegantes alemanes y holandeses, entre otros. No es de extrañar que un escritor tan significativo como el venezolano Uslar Pietri afirmara que «si Canarias ha sido la puerta e América para los europeos, también ha sido la puerta de Europa para los americanos».
Así, Canarias, en especial sus más destacados núcleos urbanos, fue asimismo encrucijada para la comunicación, para recabar información de enorme interés y trascendencia para muchos de los principales países de Europa. Ello hizo que, desde fechas muy tempranas de la historia insular, aparezcan y ejerzan sus cometidos personas y agentes que trabajan para distintas cortes europeas, como se puede comprobar en crónicas e informes de los siglos XVI y XVII. En este sentido hay que tener en cuenta de un lado, como ha señalado el profesor Quintana Navarro, que «desde el siglo XV Inglaterra había procedido a nombrar sus primeros cónsules para que arbitraran en las diferencias comerciales y regularan el funcionamiento de la marina mercante inglesa en los puertos españoles e italianos» (1992), y de otro, según asentó el historiador Brito González, para ellos, «Canarias constituía un territorio fronterizo, la última escala en territorio de carácter europeo antes de lanzarse a cruzar el Atlántico hacia el recién descubierto continente americano. Precisamente, esta condición de escala hacia América, junto con el desarrollo del cultivo azucarero y la posibilidad de hacer negocios relevantes propiciaron la implantación de un nutrido grupo de comerciantes y mercaderes que conectaron a las islas con los principales puertos europeos» (2015).
Muy pronto también fue símbolo destacado de la identidad insular, de su capital, de una actividad que la relacionaba con otros países y la marcaba en lo económico, lo social y lo cultural, la temprana presencia que los cónsules de diversos países tuvieron en Canarias, en las muy diversas categorías que la función diplomática establecía, con una incidencia muy especial en la vida cotidiana de Gran Canaria, con la que establecieron vínculos muy estrechos y a la que en muchas ocasiones brindaron servicios destacados, o incluso contribuyeron a su desarrollo de forma significativa. Hoy, además, la correspondencia consular y otra documentación de los consulados más antiguos son una fuente de información riquísima para la historia de las relaciones económicas y hasta políticas de Gran Canaria y de Canarias en general, a la par que un testimonio significativo de la vida en las islas.
A modo ilustrativo, se puede recordar a cómo a finales del primer decenio del siglo XX existían en Las Palmas treinta y seis representaciones consulares, algunas con un cónsul y un vicecónsul, como eran los casos de Brasil, Chile, Francia, Haití, Liberia (Cónsul General, Cónsul y Vicecónsul), Perú y Portugal, o el caso británico que contaba con un Cónsul en Tenerife y un vice cónsul y un ‘pro cónsul’ en Las Palmas, y en el caso de Estados Unidos de América un ‘Agente Consular’, y en el de Turquía un ‘Encargado del Consulado’, o al menos así consta en la documentación consultada, lo que también nos hace pensar en lo señalado expresamente por la Convención de 1963, en su artículo 9, que intenta regular las ‘Categorías de Jefes de Oficina consular’, pero que a continuación se ve obligado a señalar como «El párrafo 1 de este artículo no limitará en modo alguno el derecho de cualquiera de las Partes Contratantes a determinarla denominación de funcionarios consulares que no sean Jefes de oficina consular», atendiendo a ese reconocimiento de lo consuetudinario que hace.
Las otras representaciones consulares, no mencionadas antes, eran las de Alemania, Argentina, Austria-Hungría, Bélgica, Bolivia, Colombia, Costa Rica, Cuba, Dinamarca, Ecuador, Grecia, Guatemala – Salvador, Italia, Méjico, Nicaragua, Noruega, Países bajos, Panamá, Paraguay, República Dominicana, Suecia, Uruguay y Venezuela. De todas se registran los nombres de sus responsables, entre los que se encuentran personalidades locales y foráneas. Un tiempo en el que llamaban mucho las ceremonias, con su protocolo y usos, en las que era muy visible y destacada la participación de los representantes consulares, muchos de ellos ataviados con la indumentaria tradicional de gala de sus respectivas naciones, como se pudo ver, en diversas épocas del siglo XX, en los principales ceremoniales de todas las islas, de lo que existe una documentación fotográfica de gran interés, contribuyendo todo ello no sólo a llamar la grata atención del público, sino a ratificar el carácter cosmopolita canario.
Un año más los representantes consulares en Canarias han celebrado ese ya significativo ‘Día del Cónsul’, arropados por el afecto y la cercanía de la sociedad isleña, y en un marco tan significativo en esta ocasión, como es la Casa de África, y en unas fechas en las que un consulado, como el de Corea, conmemora el aniversario de su elocuente y fecundo establecimiento en Las Palmas de Gran Canaria. Y es que mucho se puede, y se debe, decir de la labor consular de ayer y hoy en Canarias, orgullosa siempre de sus cónsules, presentes indeclinablemente en cuantas actividades se les invita, dispuestos a contribuir generosamente en todas aquellas causas nobles y solidarias con las que se han encontrado, sintiéndose no sólo representantes de sus compatriotas, sino parte viva y significativa de la sociedad que les acoge, ganándose por méritos propios el arraigo social que tiene la representación que la legislación consular les otorga, y habiendo sido, y siéndolo hoy, testimonio vivo de esa función, establecida en el artículo 5º del Convenio de Viena sobre Relaciones Consulares, de 1963, que, desde hace sesenta y tres años, les señala el deber de «fomentar el desarrollo de las relaciones económicas, culturales y científicas».



